martes, 12 de junio de 2012

3 comentarios al paso…


El no milagroso ramal del 29
La línea de colectivo número 29, que a veces se torna odiable, tiene 2 ramales para el lado SUR de la ciudad. Por un lado, “BOCA” y, por el otro, “hasta av. Caseros y Bolívar”, simple como eso. Pero hay gente, HAY GENTE, que lo detiene y/o se sube al bus que lleva EL CARTEL INDICATORIO “hasta Av. Caseros y Bolivar”, preguntado si va hasta La Boca. ¿No es claro? Los colectiveros, hartos de la misma situación todos los días, responden con un rotundo NO, sin siquiera mirar al despistado pasajero que pretende un milagro, o que pregunta por las dudas. Está bien, quizás no saben dónde queda Av. Caseros y Bolívar, pero son esas “obviedades” que no pasan desapercibidas. 

El servicio de mesa de La Madeleine (de Santa Fe y Callao)
Sale $9 y no lo indican en ningún lado, es decir, “no dejan” que te levantes y te vayas si no pretendes pagarlo. Dicen que el que avisa no es traidor, yo te estoy avisando, sin embargo ellos…
Según mi madre, “ya no saben de dónde sacarnos plata”…

Colección “Grandes maestros de la pintura”  o “Grandes pinturas de la historia” o “Grandes blablabla”…
¿Por qué los diarios siguen ofreciendo magnánimas colecciones de grandes pintores cuando todo el mundo conoce a los “clásicos” artistas de la historia del arte? Hay tantos creadores que valen la pena conocer y coleccionar que siguen en ¿lista de espera del reconocimiento editorial?… Es MÁS y MUCHO MÁS de lo mismo…

martes, 22 de mayo de 2012

Obra de teatro: LA CABRA… O Quién es Sylvia?


Ficha técnica: interpretes: Julio Chávez, Viviana Saccone (menos mal que no es Cecilia Roth), Vando Villamil y Santiago García Rosa. Autor: Edward Albee. Director: Julio Chávez. Duración: 1hr 15min (justa y concisa)
Esta es una obra multipremiada la cual se le ha otorgado galardones como el Tony, el New York Drama Critics Circle, el Drama Desk y el Outer Critics Circle.

No todo es lo que parece, ni nada es color de rosas

La cabra es una obra de teatro que posee un texto fuerte y atrapante, ya que a nivel temático nos plantea un asunto “delicado”, en este caso, cuál es el límite cuando un ser humano siente deseos “impensables” hacia un animal, traspasando la barrera del simple cariño o la adoración. La obra nos invita a reflexionar éticamente sobre qué debe hacer y cómo debe comportarse una persona ante una situación como la que vive el protagonista cuando, inesperadamente, su vida armoniosamente familiar se ve truncada cuando se enamora perdidamente de una cabra.

Esta obra no es simbólica ni absurda, es bastante realista, más si nos basamos en los hechos atroces, aberrantes y descabellados que vemos por televisión o leemos desde la página Web del noticiero de Crónica, detallando las noticias más estrafalarias, delirantes y anormales que suceden en el mundo que nos toca vivir hoy.

Cómo está planteada y cómo está representada hace que llegue al público de manera conmovedora. Es una obra que a nivel enunciativo nos mantiene expectantes y nos sorprende con el final estremecedor, dando paso a la resolución del conflicto, o no, dependiendo desde el punto de vista de los protagonistas.

La escena dramática la cual nos enfrentamos, nos envuelve en una atmósfera trágica y cargada de tensión que no deja de tener tintes cómicos y que no pierde el hilo de la situación. Vemos cuatro personajes en escena, pero hay un quinto invisible que es más protagonista que todos, porque es el que desencadena las peleas, los gritos y la euforia entre los actuantes; es la inocente cabra la provocadora del conflicto menos pensado: la ruptura de la calma familiar, la exposición de las miserias y los deseos oscuros de los protagonistas.

Esta obra es sumamente recomendable, no sólo por la historia que el autor ha creado para el público, sino porque estamos ante la presencia de grandes actores en escena que llenan el espacio gracias a su profesionalidad, compromiso y actitud. 

jueves, 3 de mayo de 2012

La pasión globalizada. Entre mí, está el pasado y el comercio


Demostramos el sentimiento, algo abstracto, a través de algo concreto, por ejemplo, una camiseta.

Antes, mucho antes del boom de la globalización y todo lo que ésta conlleva, contrae y contiene, una persona solía ser hincha de un equipo de fútbol. Un equipo que era su vida, su pasión más sagrada. Usaba sólo una camiseta, la que tenía los colores de sus amores, pero ahora, con toda la información que hay y, por suerte, la lejanía es más cercana, se puede ser fanático de más equipos que forman parte de este deporte que une a todo el mundo. Ahora, no sólo se lleva la camiseta de algún equipo nacional preferido, sino que los equipos extranjeros están cada vez más de moda (y, claro, la pasión más dividida).
Debido a las ventas ocasionadas por la oferta y la demanda, se ven en las calles, tanto en los locales, como en los niños y mayores, camisetas de equipos “campeones”, como el Barça y el Real Madrid, el Manchester United y el Chelsea y los "Milans" de Italia. Pero hay gente que siente pasión por otros colores, por otras historias, por otras formaciones que no se les hace tan fácil ganar como los dos nombrados principalmente. Como es mi caso.

Cuando el tío Salva apareció en nuestras vidas trajo consigo una “curiosidad”, la de ser del Atlético de Madrid. Aquí, entre nosotros, un asturiano bien colchonero. En su primera visita, no recuerdo por qué, también traía con él algo para mí: la camiseta del equipo rojiblanco. Quizás, habría sido un intercambio de equipos, él se hacía de San Lorenzo y yo del Atleti. Desde ese momento, yo soy una colchonera más y, por supuesto, el resto de la familia del Barcelona. Por suerte, tenemos algo en común: detestar a los merengues. El tío Salva no sólo me incentivó -disimuladamente- a leer Cien años de soledad (uno de mis libros favoritos) y también a presentarme a Doña Bárbara, sino que además logró hacerme hincha de un club más: del Atlético de Madrid.

Hace un tiempo me empeñé con que quería tener la nueva y preciosa casaca del Atlético. Vi una luz de esperanza, y me causó mucha sorpresa, cuando la encontré en el local de Nike del Abasto, pero tenía en talle M. Mis ilusiones se pincharon cuando no la encontré en ningún otro lado, y todos aclamaban que había problemas con las importaciones (raro, cuando las del Barça y las del Real Madrid florecen a borbotones en todos los tamaños, para grandes y chicos). No sabemos si era un problema de importación -es decir, por culpa del bigotudo innombrable- o si estaban probando si vendían esas camisetas. Por suerte, hay un modo de comprar lo que uno quiere y es por medio de Internet. Si bien no conseguí talle M de niño, que era el que me hubiese quedado perfecto, llegó finalmente el talle S de hombres que me queda tan grande como un camisón de dormir. Pero ese es tan sólo un detalle, porque la camiseta del Atlético temporada 2011-2012 está entre nosotros, mejor dicho, conmigo.   .  

Para todos aquellos que tienen pasión por equipos los cuales no consiguen sus camisetas u otras cosas, no pierdan las esperanzas, que Moreno, que por suerte no es Mariano, no nos va a ganar, y tampoco el “fanatismo supremo de los grandes” que cada vez cobran más adeptos. ¡A por ellos y olé…!

Comparación odiosa


Guardiola se fue del club de sus amores porque “estaba cansado”, porque “4 años es mucho”. Sir Alex Fergurson está en el Manchester United desde hace más de 25 años, tiene 30 años más que el catalán y no parece estar cansado para nada. Lo que es cada uno, ¿no?

jueves, 26 de abril de 2012

Aire de locura en Proa


En el museo más trascendental de La Boca está instalada una muestra que supera las perspectivas del público conocedor y del pobre espectador que saldrá desconcertado por no entender nada de lo que está presenciando y deberá conformarse con decir “es arte contemporáneo”.

Las obras que se exponen fueron seleccionadas de la 11º Bienal de Lyon. Son creaciones de múltiples artistas contemporáneos que, para mí, tienen como finalidad hacer reflexionar demasiado al espectador, marearlo y hacerlo querer huir del recinto (aunque gran parte del arte contemporáneo no se piensa mucho, ES y punto). Hay algunas obras que “atraen más que otras”, por no decir que muchas de ellas espantan.

Me gustaría referirme a dos instalaciones específicas de esta exposición tan “importante”: la primera es La Bruja (del famosísimo artista Cildo Meireles) que conforma 3.000 km de hilo esparcido por todo el espacio expositivo, de arriba a abajo, donde hay que tener cuidado al caminar, porque te enganchas con un mísero de ese telar y te tropezarás con alto riesgo de caer (aquí sí, “un tropezón será caída”). La segunda es Payaso (de Laura Lima) que es una “instalación humana”, porque es una persona travestida de payaso muy feo, con máscara de criminal, más terrorífico que los de la película It. Aunque decir que es un humano ya no es sorpresa, pero estar allí delante de él o ella causa bastante temor, una sensación mucho más inquietante que estar en frente de aquellos que están instalados disfrazados temáticamente en las plazas esperando que alguien les de dinero para moverse. Pues éste no se mueve y, por ahora, no mató a nadie del susto (o sí). Todo payaso causa una doble sensación, tanto de diversión como de miedo a la vez, pero éste es lo segundo, seguro.

¿Qué significan estas obras? Por un lado, está La bruja que juega con la ambigüedad del objeto en sí, dónde está el principio y dónde está el fin y, por el otro, está el Payaso que es una ironía sobre su función como tal y sobre el arte en sí mismo. 

Pues vayan, si pueden, a regodearse de este mejunje simbólicamente “contemporáneo”. La diversidad está buena.

Futurismo en la puerta de la esquina


En un futuro no muy lejano mudarse será más fácil, y no tan pesado. Sólo transportaremos la PC y el e-book. El primero comprenderá la TV, las películas y la música, mientras que el segundo tendrá la colección de libros que uno alguna vez tuvo.

A los chicos ya los educan con esa simplicidad, “todo en uno” y todo “touch”. Los libros, las películas y los CDs que alguna vez adquirimos en algún sitio y en algún momento específico de nuestras vidas serán objetos molestos y una gran carga que, sin embargo, muchos de nosotros hará sentir nostálgico. Todo será más fácil y más cómodo, pero ¿seremos felices y mejores seres humanos?

Por ejemplo, las salas de espera se equiparán con artefactos fríos que los mayores casi no sabrán usar y dirán: “eran más prácticas las revistas”.

El pasado es esa espinilla molesta que nos atosigará por un tiempo, mientras la generación “lápiz y papel” siga viviendo en un futuro que ya será el presente.

¿Cómo será aquel objeto que sustituya la consola de videos juegos? ¿Cómo serán las “ferias del libro” cuando ya no exista el soporte “libro”? ¿De qué modo los escritores presentarán sus escritos? Quizás es fácil de imaginar… Por ahora, la cámara de fotos se viene salvando como objeto con funcionalidad única, aunque ya está instalada en otros dispositivos también, nadie querrá dejar de tener una.

Por estos días la melancolía surge por cosas que ya empiezan a acechar. No más lectoras de CDs ni DVDs, y muchos de nosotros quedará con una colección de discos de música y películas sin poder ver, porque no existirán los minicomponentes ni las computadoras con esa ranura que alguna vez nos hizo tan felices. ¡Qué horror cuando se rompa la lectora y no haya repuesto!, porque no se harán más. Todos nos volveremos piratas por un tiempo, hasta que alguien “regularice” las bajadas de música y películas.

El I.Pad que ya concentra casi todo ¿será el objeto “representante” de la “nube” de Steve Jobs?

Los bolsillos de los pantalones…


...deben ser amplios, porque ahora los celulares vienen grandes. Estos fluctuaron de tamaños a lo largo de los años, pero finalmente prevalecieron en un tamaño donde en un bolsillo de jean normal no caben bien. 

¡Arriba las manos! ¡$8* el servicio de mesa!


¡Extra, extra! ¡El servicio de mesa está en proa* a punto de irse al carajo!

En estos días, el servicio de mesa parece estar al pie del cañón. Quizás un porcentaje mayor de la población, sigue sin entender qué es el servicio de mesa. ¿La propina del mozo por adelantado? ¿El lavado de servilletas y manteles (aun cuando, en algunos sitios, son de papel)? ¿La propina del bachero? ¿La propina de todos los trabajadores del lugar? ¿Un extra para el alquiler o las expensas del local? ¿Qué es el servicio de mesa que muchas veces nos hace quedar con la comida atragantada? ¿No les da vergüenza cobrar ese “impuesto”? Pareciera ser como los kioskos cuando, ilegalmente, cobran un peso demás por cargar el celular o la Sube.
Muchas veces siento que me están robando, y quizás es falta de información. De por sí, ya no es negocio salir a comer, ni siquiera al lugar que solía ser “el más barato de todos”. Ahora hay que tener cuidado donde te sentas, porque el servicio de mesa va a estar, en cualquier momento, igual o más caro que la gaseosa. ¿Se debe dejar propina o no?

*Eso es lo que se cobra en el museo de La Boca. En La Casa del Queso, por ejemplo, está $10. Lamentable…
¿Se debe a que se creen lugares “top”?

martes, 17 de abril de 2012

2 situaciones que no parecen ser lo que parecen

Este fin de semana tuve dos salidas interesantes. Una fue un favor y la otra fue por decisión propia. La primera constaba en acompañar a mi hermana al show de Ricardo Arjona y la segunda fue ir a ver una obra de teatro, Casi normales.

Muchos días antes de ir a ver a R. Arjona, escuché masivamente el desagrado que siente la gente hacia su música, y creo también hacia su persona. Yo me pregunto, si a un montón de gente no le “cae bien” este hombre, ¿por qué llena 4 Vélez? ¿Por qué en su momento llenó veintitantos Luna Park? ¿Por qué es lo que es en América?
Creo que decir que “a nadie” le gusta Arjona es generalizar una mentira. En el espectáculo estaba lleno de mujeres alocadas, pero también llenos de hombres que “acompañaban a sus parejas” ¿Realmente si a un hombre no le gustara, va a ver al amor platónico de su mujer? Me parece que Arjona está “sobreestimado”. Si les damos un par de canciones para analizar a aquellas personas que no les gusta Arjona, yo aseguraría que revertirían sus opiniones. Hay algunas que llegan más que otras, por supuesto, pero hay unas tan específicas que valen la pena rescatar. ¿Algunos se refieren a cómo canta Arjona? El tipo no necesita ser un “buen afinado” para cantar sus canciones, sin embargo, Alejandro Sanz que en su momento de mayor lucidez supo escribir unas canciones preciosas, sí le hubiese hecho falta una buena entonación, y nadie dijo nada sobre el español. Yo, como crítica y observadora, les recomiendo escuchar bien y pausadamente canciones como: Señora de las cuatro décadas, Amor de tele, Te conozco, Realmente no estoy tan solo; Tu reputación, Ella y él, Se nos muere el amor, Aun te amo, Duerme, Te acuerdas de mí, Me enseñaste; Olvidarte, Desnuda, Con una estrella, Tarde; Acompáñame a estar solo; Cómo duele, El amor, Fuiste tú.

Arjona no pierde el estilo, porque no pierde la temática: principalmente, las mujeres, luego, el amor y el desamor, y algunas bien claras de tranquila protesta. Arjona tiene una retórica única y es lo que lo hacer ser lo que es. Arjona puede ser repetitivo y demasiado sincero con ciertas cuestiones, pero sabe cómo pasar desapercibido sin caer en lo mismo.

Respecto al show, es bien teatral, con varias escenografías y los músicos de todas las partes de América que lo acompañan son grandes en lo que hacen. Lástima que llovió justo en el momento del recital, después de que se anunciaba lluvia para toda la semana, lo cual esa es otra cuestión. Es agarrármela nuevamente con los del servicio meteorológico que evidentemente saben menos que más.
Pero ¡ojo! quien reniega de R. Arjona, ¡tenga cuidado!, nunca sabe cuándo se identificará con alguna canción.

En relación al segundo suceso, Casi normales, pasó lo siguiente. Teatro Liceo, 8pm, obra musical, un clásico del ambiente teatral, ganadora del Premio Pulitzer y tres Premios Tony (dicen ¡La obra que transformó Broadway!). Con el título sucedió que me imaginaba que sería divertida como el drama Toc-Toc, pero es la contracara de lo divertido en un drama, es más para llorar que otra cosa. Es una obra fuerte, donde el espectador sensible flaqueará, más si se siente identificado con algún personaje o la situación en sí. Es sobre una familia que aparenta ser feliz y normal, pero es todo lo contrario porque “nada es lo que parece”. La escenografía es bien simbólica, por ende, está bien ideada; la música y los intérpretes fantásticos en sus roles, lástima que la obra se torna un poco larga y densa. Pero insisto con la trama que es sorprendente, literalmente.

Pero como me pasó con la lluvia en Arjona, que impidió que sea un momento más ameno, en el teatro se encontraba una persona que si bien “pagó” una parte de su error, yo me sentí con vergüenza y culpa a nivel sociedad. ¿Qué habrá pensando cuando esa voz indicadora que, previo al comienzo de un espectáculo, anuncia sobre las salidas de emergencia, las normas de seguridad y todo ese discurso de prevención para los presentes? No voy a nombrarlo, para no arruinar esta larga nota.

Lo que es el ser humano…

viernes, 13 de abril de 2012

Duda…

¿Cuál será aquella generación que empiece a decir que “no vio Esperando la carroza”? Esa “no identificación”, ¿está pronta o está lejana?

La letra perdida

¿Qué pasará cuando a los niños no les enseñen a escribir más de la manera que fuimos instruidos nosotros? En un futuro una parte de la población apretará teclas y botones, y el resto de la gente “mayor” recordará cómo era escribir, seguramente, con melancolía. La escritura que tanta historia tiene será obsoleta y estará fuera de moda, porque la tecnología también acabará con ella, con algo tan simple y tan maravilloso. No sabrán lo que es el verdadero estilo, la diferencia exacta y precisa entre la cursiva y la imprenta, la mayúscula y la minúscula. Escribir ya no será lo mismo. Pero, ¿cómo será la firma de cada uno? ¿Quién y cómo dictará que alguien escribió tal cosa si la grafología será algo del pasado? Ya no se necesitarán más hojas ni lapiceras, porque todo lo que necesitemos recordar, lo hará otro dispositivo más “sencillo”, más rápido, más “frío”, quizás.
Tantas cosas irán desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos que ni el ser humano se salvará y éste, probablemente, se volverá un ser más extraño y desafiante.

martes, 6 de marzo de 2012

Un encanto de película

Medianoche en París
Woody Allen despliega una poética idílica representando los sueños e imaginación de todos aquellos que viven idealizando situaciones en su vida. Esta película es un festín de fantasías que el autor le brinda a todos aquellos espectadores que alguna vez añoraron vivir en otro tiempo y convivir con los personajes de una época en cuestión.

Gracias a la sutil actuación de Owen Wilson nos ponemos en la mente del protagonista y sus delirios, deambulamos por la maravillosa ciudad de París y sus recovecos. París, la ciudad del amor, y si hay amor, hay sueños y si hay sueños, también hay realidad. Porque siempre habrá dos opuestos como el día y la noche, como el blanco y el negro, como el protagonista y su novia (más su familia). También habrá dos bandos, aquellos que aman la lluvia y aquellos otros que se rehúsan a su existencia ocasional; también estarán aquellos que creen y aquellos que no.

Pero en esta película no sólo se trata de apreciar París desde la visión del director (que vemos cuanto le agrada), sino que se trata de creer en la simplicidad, en el amor y, por supuesto, en las ilusiones. Que uno puede cumplir con sus metas cuando y donde menos se lo crea.

Básicamente, se trata en creer en uno mismo, más allá de lo real o lo imaginario. Más allá de unos o de otros.