"Una muestra alucinante digna de una súper producción fotográfica..."
"Un ambiente "fashion" regodea la exposición y
absorbe al público contento"
Me presenté sin
grandes expectativas a la reciente exposición denominada Mario Testino: In Your Face.
¿Por qué? ¿Qué te esperas de un montón de fotos juntas? Quizás, un montón
de gente amontonada viendo fotitos pero, en este caso, fue todo lo contrario: un
montón de gente (que se merece una crítica aparte) frente a gigantes imágenes
con grandes y gruesos marcos de colores. Todo
bien llamativo como todos los posantes.
En
estos tiempos, la curaduría es una protagonista más. A veces es más
protagonista que el propio arte en sí, porque la organización, en estos
tiempos, también es puro arte, y le gana a lo que vemos. La curaduría
embellece lo que observamos aunque no nos guste. Una mala curaduría puede
arruinar lo que está expuesto, por ende, tiene que haber un
equilibrio entre forma-contenido que nos convenza para aceptar lo
que vemos.
Cuando
entras, te sentís como en una pasarela, la luz solamente estaba direccionada a
las imágenes. Fotografías de todos los tamaños de punta a punta de arriba a
abajo; no entraba una más, las paredes estaban completas. El gran acervo
fotográfico que nos presenta el Malba es impactante. La gran sala repleta de imágenes
de famosos y no tan famosos, maquillados y exageradamente
maquillados, posando y no posando para la cámara de este fotógrafo
reconocido que se ganó el elogio de todos. Incluso a uno que no le gusta
sacarse fotos quisiera ser fotografiado por él.
Respecto
al público, cabe destacar que la meta-fotografía tiene un gran lugar en la
sala, porque la mayoría de la visita estaba al pie de cada foto para
fotografiarla. ¡Fotografiar una foto que estás viendo en un museo y que
seguramente está en internet! Es como grabar una obra de teatro o todo un
concierto en vivo. Simplemente, creo hay que disfrutar de lo instantáneo, de lo
pasajero, y relajarse. Acorde a mi experiencia, las últimas veces estaba
"terminantemente prohibido hablar por teléfono ni sacar fotos", pero inevitablemente casi
todo el mundo tiene un celular-cámara consigo mismo, por lo tanto, esto
fue permitido por las autoridades para esta gran exposición. Como no son imágenes dibujadas
o pintadas que se pueden arruinar por la luz del flash o quizá valen millonada,
por ende, "no se puede sacar fotos", tomarle fotos a las
fotos está ok. Esto hizo grande mi rechazo hacia la gente, quizás generalizo al
público, puesto que quizás algunos necesitan fotografiar el momento para un
trabajo universitario, pero la mayoría simplemente para ¡mostrar que presenció
una foto en un museo! De esta manera, la gente andaba descontracturada,
desenvuelta y con mucho dinamismo, provocado por la libertad de la curaduría y
el permiso fotográfico, pero a la vez preocupada por sacar esa foto a la foto
donde justo no hay nadie adelante.
Ahora, las fotos posan.